Hoy nos adentramos en el maravilloso Valle de Lozoya, lugar al que llegaremos en nuestro Jeep Avenger 100% eléctrico, para conocer a una mujer única, deportista, y que encuentra en estas montañas el complemento perfecto a su vida repleta de aventuras, y de verdaderos retos.
Silvia González, puede ser una desconocida para muchos de vosotros, porque su mérito no está en ganar carreras o subir al podio, sino en haberse convertido en un referente para todos los que estamos convencidos de que hay otros retos. Los de la superación personal ante los problemas, demostrando con su ejemplo los beneficios físicos y mentales del ciclismo frente a la enfermedad.
Tras dos años de tratamiento bimensual recordatorio, volvió a aparecer, por lo que durante el 2023 la sometieron a un ensayo clínico, que no acabó del todo con el linfoma, lo que derivó en un autotrasplante de médula en noviembre del 2023. Aunque Silvia está de nuevo en tratamiento de quimioterapia, actualmente está recuperada del autotransplante, gracias al deporte y la alimentación saludable.Este es su curriculum: Directora Deportiva Nacional. Experta en ciclismo de carretera y MTB. Especializada en ciclismo y entrenamiento femenino. Formación al ciclismo de base. Técnico deportivo especializado en personas con discapacidad intelectual. Técnico medioambiental. CEO de #ciclismoParaTodas. Una ciclista polifacética que comparte y transmite su pasión por el ciclismo a todas las personas que la conocen.
En 2024, Silvia fue la gran inspiradora y protagonista del equipo Aural en la Titan Desert. “La Titan Desert es mi desafío más grande hasta ahora, después de enfrentarme al cáncer. Aunque la enfermedad me ha enseñado la fragilidad de la vida, estoy decidida a demostrar que se puede superar cualquier obstáculo”.
Como dice Silvia siempre, ademas de su ya típico y conocido... #atopedepower... “Los límites nos los ponemos nosotros, todo depende de nuestra actitud”.
Siempre que puedo aprovecho para hacer deporte en la naturaleza y disfrutar de la Sierra de Madrid. En el Valle de Lozoya puedo hacer de todo. La primera opción es la bici, la MTB, ebike, gravel, carretera, ciclocross, hay rutas para todos los niveles y modalidades. Y siempre quedan ganas para hacer senderismo, subir picos y descubrir rutas nuevas a pie. En invierno tenemos un circuito de esquí de fondo para disfrutar de la nieve, y en verano, podemos hacer pádelsurf y kayak en los embalses.

Muchos fines de semana organizo quedadas con el movimiento Women in Bike, para animar a más mujeres a montar en bici, con rutas para todos los niveles, desde nivel ‘0’, principiantes que aprenden a usar bien los cambios y lo más básico, a ciclistas que ya salen en bici pero quieren mejorar, aprender técnica, mecánica, orientación, y entrenar con otras mujeres para conseguir sus retos en bici, desde subir puertos cerca de casa, a hacer cicloturismo o ir a competiciones.
COMPAÑERO IDEAL: JEEP® AVENGER
Para nuestra aventura en las montañas madrileñas, hemos podido disfrutar de la versión más eco de este SUV todo terreno, 100% eléctrico (con 156 CV y un par máximo de 260Nm). El Avenger está lleno de pequeños detalles, y su interior es muy cómodo, contando además con una pantalla de 10,25” desde la que conectarte a todo un mundo de experiencias Jeep®.
Todo alrededor del puesto de conducción minimalista y práctico, y además no falta la ‘frenada regenerativa’, gracias a la cuál puedes recargar el coche mientras frenas o desaceleras, cómo hicimos bajando por las curvas del puerto de Cotos a Rascafría. Su frontal destaca por tener las siete barras verticales signo de identidad de Jeep® y su facilidad de conducción es notable. Gracias a su posición de conducción algo más elevada, conducir por las carreteras y llegar a los miradores por caminos entre pinares, nos ha permitido aprovechar la entrevista para hacer una salida en bici MTB entre amigas, mientras cargábamos el Jeep en el pueblo. Ya estamos deseando volver a coger el Jeep para salir a hacer más rutas con la bici y entrenar para nuevos retos.


SILVIA GONZÁLEZ, PURA MOTIVACIÓN. PEDALADAS, SUDOR Y QUIMIO
Silvia González, finisher de la Titan Desert 2024 y luchadora frente al cáncer. Dice de ella misma que: Cuando era pequeña seguro que era hiperactiva, pero entonces no se diagnosticaba, pero yo era de libro. Jugaba al baloncesto, al balonmano, estaba en el club de montaña, con los misioneros, iba a taquigrafía. ¡Me apuntaba a todo! pero no competía en nada. Yo lo probaba todo, pero no era buena en nada.
¿Cómo empezaste con la bici?
A los 14 años hacía enduro con la moto, y no fue hasta los 30 cuando me dio fuerte por los pedales. Me enganché a través del spinning, luego pasé a la bici de montaña y de ahí al triatlón, aunque este lo tuve que dejar por problemas en el tendón de Aquiles, y seguí con la bici.
Eres afortunada, has conseguido que tu pasión sea tu trabajo ¿Cómo lo has logrado?
Empecé a trabajar en una tienda de ciclismo, luego en una de triatón para mujeres, mientras me fui formando para llegar a tener más titulaciones y poder entrenar a ciclistas, especialmente a mujeres, niños y niñas y personas con discapacidad intelectual, que son la caña y me dan la vida, son pura motivación y alegría.
Gracias a la bici te diagnosticaron el linfoma a tiempo. Cuéntanos....
Fue precisamente una caída en bici, Yola, tu estabas allí, era la última etapa de una ruta desde Santander a Madrid junto a Miguel Indurain y otros amigos. Bajando el puerto de Navacerrada, explotó la rueda del ciclista que iba delante de mí y salí volando al arcén. Me rompí la cadera y en la recuperación encontraron unos ganglios, que al principio pensamos podían estar relacionados con el accidente, pero según mejoraba la cadera, los ganglios iban a peor. El diagnóstico fue de Linfoma folicular, un cáncer que es endémico, que desaparece pero que puede volver. Llegó la quimioterapia, el auto transplante y ahora han vuelto a aparecer ganglios, es lo que me ha tocado, pero desde el primer momento he tenido muy claro que no iba a aparcar la actividad física. Y es que sin deporte no me aguanto ni yo.
¿Qué ha supuesto la bici durante todo este tiempo como paciente oncológica?
Ha sido una ayuda vital, para no sentirme como una enferma sino una persona en proceso de recuperación. He llevado mejor los efectos secundarios de la quimio, yo decía que sudaba la quimio. Y me he recuperado en menos tiempo del autotransplante. Los médicos me lo dicen cada día, que siga así, que alucinan con las cosas que puedo hacer.
¿Qué les dices a otras personas con cáncer cuando te preguntan cómo hacer ejercicio?
Que cada persona es diferente, y cada cáncer también. Yo llevo toda la vida haciendo deporte, pero es difícil empezar a hacer bici o ejercicio si has sido sedentario toda la vida, cada uno debe hacer actividad física a su nivel. Todo vale, andar, correr, ir en bici, etc., y especialmente hay que incluir trabajo de fuerza. Está demostrado que trabajar el músculo ayuda a estar mejor durante y después del tratamiento oncológico. No sólo a nivel físico, también psicológicamente. No voy negar que también tengo mis momentos duros, en los que me siento mal, pero pongo una sonrisa, cojo la bici y sigo adelante.
Eres una de las pioneras a la hora de crear grupos de mujeres en bici. Muchas mujeres que conozco montan en bici gracias a ti ¿Cómo ha evolucionado el ciclismo femenino en estos años?
Ya es normal ver a mujeres en bici, muchas en grupos sólo de mujeres. Llevo más de 15 años con el proyecto “Ciclismo para todas”, y empezamos unas poquitas, poco a poco, con mucha paciencia y buen humor. Para las mujeres, el ciclismo supone un esfuerzo extra, en comparación con correr o ir al gimnasio, desde invertir en una buena bici, desmontarla para meterla en el coche, buscar rutas y salir solas por la carretera. Al salir en grupo, con otras mujeres, el ambiente es diferente a ir en grupos de hombres. No es mejor ni peor, pero nos entendemos entre nosotras, y si tienes un día malo, pues no pasa nada, aunque te quedes la última, siempre hay alguna a tu lado dándote conversación. He luchado mucho porque en mis grupos las mujeres sean autónomas en bici, sepan arreglar un pinchazo o cambiar las pastillas de freno, porque cuando aprenden, comprueban que es algo sencillo y eso les hace sentirse mejor y superarse cada día.
¿Cómo has vivido el reto de la Titan Desert despues del autotransplante?
Era mi sueño y en 2024 tuve la oportunidad de cumplirlo con el equipo Aural. Iba muy justa de tiempo, en enero sólo podía dar paseos, luego empecé a ir con la bici eléctrica y hasta febrero no pude empezar con la bici muscular, apenas 3 meses de entrenamiento para una prueba tan dura, 7 días en Marruecos por el desierto, y además de los kilómetros y los cambios extremos de temperatura, hay que añadirle que duermes en jaimas y no recuperas como en casa. Poco a poco empecé a tener mejores sensaciones en los entrenamientos, y el 28 de abril estaba en la salida de la Titan Desert. La primera etapa fue dura de asimilar. Yo llegué con el “subidón” de la aventura y salí fuerte, a 1.700 metros, 2.400 metros de desnivel, y tengo que agradecer a mi equipo, siempre a mi lado y diciéndome, “tranquila, ya llegaremos”.
Silvia destaca la suerte de que “no tuvimos el suplicio de los 50 grados de otros años, el máximo fueron 38”. Pero la vida no regala nada a Silvia y, para ser finisher tuvo que sufrir hasta la última pedalada. “Llegué a la etapa final con gastroenteritis, no podía correr nada, sólo beber agua y las sales y encima con la quimio yo necesito comer más. Para colmo en los últimos 20 km tuvimos una tormenta de arena, a 10 km de la meta de la sexta y última etapa veía que me iba a quedar a las puertas, pero te sale el coraje y recuerdas que has salido de otras peores y te lleva a la meta”.
A las chicas que quieren empezar a pedalear Silvia les diría que “se planteen retos que puedan ir consiguiendo y que sean realistas de acuerdo a su edad, al tiempo que tienen que pasar, salir a montar, etc. No hay secretos en la bici: si entrenas, mejoras”. Y aquellos que tienen que pasar por la prueba de una dura enfermedad, nuestra finisher de la Titan Desert les dice que “no hay que sentirse enfermo sino amante de la vida. Que se muevan, aunque sea un paseo y cada 5 metros tengan que sentarse en un banco que era lo que pasaba a mi tras el autotransplante”.