Clásicas MTB: Mountain Cycle San Andreas

Diferente, única, especial. Todos los adjetivos que busquemos se quedan cortos para describir esta original mountain bike de principios de los años 90 del siglo pasado. Un icono del deporte que nos presenta con todo lujo de detalles su propietario, Iñigo Del Hoyo.

Julio Vicioso Fotos y vídeo: César Cabrera

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Corría septiembre de 1992 y la feria de Anaheim en Los Angeles (California) era el epicentro de toda la industria del Mountain Bike, con los fabricantes americanos inundando de ideas el ya imparable deporte que estaba transformando el mundo de la bicicleta. Todas las grandes marcas americanas como GT en aquel momento, Schwinn, el prestigioso Ritchey con sus cuadros de acero, Iron Horse, Trek, Specialized… todos buscaban, siguiendo más o menos el mismo camino, el crecimiento para sus empresas, mientras había espacio para otro tipo de pequeñas empresas que, en la diferenciación, tenían su éxito.

Clásicas MTB: Mountain Cycle San Andreas

Y este fue el caso de Mountain Cycle, una empresa creada por Rober Reisinger en California, como tantas otras, y que conoceríamos de primera mano en aquella feria. Casi un año antes, a finales de 1991, habíamos probado en Barcelona algunos de los productos que el ya fallecido piloto de motociclismo, Joan Garriga, importaba a través de Bike House. Miguel Lorenzo se subiría a una de las primeras horquillas Suspender que pisó suelo español, junto a los frenos Pro-Stop, ambos productos diseñados por este ingeniero mecánico americano y el artículo se publicó en nuestra revista hermana Bicisport, meses antes del nacimiento de la revista BIKE.

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Pocos meses después de aquel primer contacto con los productos de Robert Reisinger, en la primavera de 1992,  un nuevo distribuidor llamaba a las puertas de la recién nacida BIKE para ofrecernos una de las primeras San Andreas. Dicho y hecho. Se convertiría en la portada del número 6 de BIKE y aquella revista viajaba en nuestra mochila mientras recorríamos meses después los pasillos de la Feria de Anaheim con la boca abierta junto a Isaac Hernández y Nancy Black, nuestros “enviados especiales” en Estados Unidos.

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Y así llegamos al stand de Mountain Cycle, donde no daban crédito a lo que una revista del otro lado del Atlántico había hecho con su niña bonita. A aquella portada, se le sumaba un amplio artículo en el interior, con las primeras fotos de estudio de Rafa Gómez para BIKE, hasta entonces coto privado de Emilio Jiménez, se completaba con un desplegable donde se podía apreciar con todo detalle, toda la belleza de la Mountain Cycle San Andreas.

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Las más de 500.000 pesetas que suponía hacerse con una San Andreas montada (algo más de 3.000€) la hacían inalcanzable para la mayoría, y su rango de actuación se centraba en los descensos con sus 60 mm de recorrido. Precisamente, uno de los dos protagonistas de las fotos de acción en aquel número de BIKE, Eduardo Galán, correría con una de estas unidades, mientras que el otro protagonista, y presente en la portada, es Alberto León.

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Persiguiendo un sueño

En aquellos años ya merodeaban por las carreras de Euskadi y a nivel nacional “los Del Hoyo”, una familia del norte en la que tanto el padre como los dos hijos vivían los fines de semana con un dorsal en la parte delantera de la bicicleta. El pequeño de ellos, Iñigo, veía y deseaba aquella San Andreas como un verdadero objeto de deseo, y han tenido que pasar más de 25 años para que haya podido realizar su sueño realidad: “Yo veía a Enrique Torrente bajar con su San Andreas y soñaba con tener una, por eso cuando he tenido oportunidad, no he dudado en conseguirla y hacer todo el proceso de restauración partiendo de cero”.

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El cuadro ha sido desmontado por completo, limpiado el aluminio y diseñados desde cero todos los gráficos: “Antes de nada, tomamos las medidas exactas, fotografíamos el tipo de letra y creamos toda la parte gráfica”. Lo mismo hicieron con la horquilla, que llegaba en muy mal estado a sus manos: “De la horquilla salió un líquido azul que todavía a día de hoy no sabemos que puede ser. Los espaciadores y algunas partes interiores salieron en tal mal estado que se partían al contacto, así que con la ayuda de una impresora 3D las hemos reproducido al milímetro y la horquilla funciona como si estuviera recién sacada de la tienda”.

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Sorprende ver el cuadro de la San Andreas tras años sin haber contemplado uno. Sigue siendo un trabajo espectacular y, sin poder confirmar, uno de los primeros 100 cuadros que Robert Reisinger fabricó fuera de sus instalaciones hasta que tuvo capital suficiente para poder construir en su propia nave. En aquel entonces, Reisinger empezó a contratar sus propios empleados y tardaban una media de 3 horas en la fabricación de cada cuadro, algo que irían afinando hasta llegar a un tiempo medio de unos 45´por cuadro en el momento que Mountain Cycle llegó a tener alrededor de una treintena de empleados. “Esta bici está como la tope de gama que anunciaba Mountain Cycle en las revistas americanas –nos dice Iñigo- con la horquilla en el color exacto y el resto de componentes lo más fidedignos posible respecto a la bici original”.

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Llama la atención el subchasis para sujetar el sillín, al igual que el resto de la bici en aluminio: “Con un simple tornillo podías variar la geometría del sillín, retrocediendo unos milímetros su posición, con un simple tornillo”.

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El amortiguador de elastómeros, se fabricaba utilizando tres composiciones diferentes: “La roja es la más blanda, gris algo más dura y el negro es el compuesto más duro”. Buscaba así Reisinger replicar la progresividad de un muelle, pero con la sencillez de unos simples elastómeros.

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Las enormes punteras traseras, con nervaduras en el propio aluminio, son otro de los detalles a observar del cuadro.

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Pocas marcas se han aventurado a lo largo de la historia del mountain bike a producir horquillas invertidas. Recientemente, RockShox aplicó este concepto a su RS1, y anteriormente Marzocchi y Sunn sucumbieron a las “sexys” horquillas de barras invertidas, pero si hay que hablar de una pionera, esta fue sin duda la Suspender: “Esta horquilla ofrece 60 mm de recorrido, que era mucho en aquella época –nos cuenta Iñigo- y en 1991, con las Rock Shox y Manitou recién aparecidas en escena, esta horquilla presentaba un eje de 12 mm pasante, algo completamente inaudito en ese momento”. A eso hay que sumarle los bujes Pulstar de radios rectos.

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También los frenos son diseño propio del fundador de Mountain Cycle: “Los discos son flotantes y de un diámetro descomunal. Más de 220 mm delante y 200 mm detrás, con la doble peculiaridad de estar fabricados en aluminio y ser flotantes”. De ahí, el “sonar” característico de las San Andreas, que no dejaban indiferente a nadie a su paso, con un peculiar ruido al que había que sumar su impactante estética. Los frenos están basados en una pinza hidráulica, accionada por cable, algo que veríamos posteriormente en otras marcas, como los AMP o los Rock Shox que fueron minoritarios.

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Y parece del todo increíble como con un manillar de apenas 60 cm de anchura se podían disputar descensos, y además ganarlos. El Syncros Gorilla es de la época dorada de la marca de origen canadiense.

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Iñigo ha invertido un gran número de horas en este proyecto, una de las bicis soñadas de su juventud, y ha vuelto a dar vida a un icono del mountain bike con muchas horas de estudio, cariño y dedicación, que se ven en cada uno de los detalles de la bici que hoy os presentamos.

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