Cuando hablamos de “la cabeza” nos estamos refiriendo realmente a lo que pasa dentro de ella. Bueno, mejor dicho, a todos los pensamientos que surgen de ella. O más en concreto, de nuestro cerebro. Estaríamos entrando en el terreno de la psicología. Y sí, en el mundo del deporte y del rendimiento deportivo es fundamental una buena psicología. Porque, en el fondo, el origen de toda nuestra actividad deportiva es psicológico. Lo que nos mueve y nos impulsa a competir, a entrenar, o solamente a dar una vuelta con los amigos, es pura psicología. Y todo empieza con el pilar básico del rendimiento, no solo deportivo, de cualquier tipo, la motivación.
Si no nos motiva algo es imposible dar el máximo de nuestro potencial. Y cuanto más grande sea esa motivación, mejor y más posibilidades de lograr lo que nos propongamos. Cuando de niños deseábamos que llegara el verano para poder coger la bici en el pueblo, era porque nos motivaba el placer de montar en ella, de sentirnos libres, su deslizamiento, la adrenalina u otras emociones que nos generaba pedalear. Esa búsqueda de satisfacción de los deseos, sean del tipo que sean, es la generadora de motivación. Es un poderosísimo mecanismo del que nos ha dotado la evolución y que todos tenemos.
Cada uno encontramos nuestras propias motivaciones
Ya de mayores, cada uno de nosotros como ciclistas encuentra unas motivaciones diferentes para salir a pedalear. Ser conscientes de las de cada uno es muy importante. Pueden ser muy diversas y variadas. Precisamente, la gran popularidad del ciclismo, tanto como práctica deportiva competitiva como recreacional, se debe a las múltiples satisfacciones que la bicicleta puede generar en sus usuarios.
Las más habituales podrían ser:
- Placer por el movimiento y deslizamiento.
- Bienestar físico por la práctica de actividad física.
- Conocimiento de nuevos lugares.
- Contacto con la naturaleza.
- Mejoras en las capacidades físicas asociadas al ciclismo.
- Relajación y evasión mental.
- Afán de superación y competición.
- Interacción social.
Estas pueden ser algunas de las más habituales, pero seguro que cada uno de nosotros puede identificar muchas otras. Pero repito, lo realmente importante para nuestro rendimiento deportivo es conocer las nuestras. Y ¿por qué es esto importante? Bueno, porque un pilar de nuestro entrenamiento debe ser el de mantener alta la motivación. Porque la motivación no es algo estable y permanente. Desde luego es la chispa que inicia todo. Pero una vez que nos impulsa a salir a montar, a entrenar o a competir, esa motivación irá variando. Unas veces irá aumentando, pero otras irá decreciendo. Incluso puede llegar al punto de perderse por completo. Y sobre esas fluctuaciones sí podemos actuar como entrenadores. Identificar claramente qué es lo que nos mueve a dar pedales, y en nuestro caso más concreto, a entrenar, será imprescindible para poder organizar el entrenamiento y las competiciones de la mejor forma.
Jorge Blasco www.ciclismoyrendimiento.com.






