2300 km en bici por 5 países: así fue mi aventura por la ruta del Rin

De Italia a Países Bajos, pasando por Suiza, Liechtenstein, Alemania y Francia. Un cicloviaje para recorrer Europa pedaleando, con alforjas y una tienda de campaña, dejándome llevar por el camino.

Amaneceres junto al Rin
Amaneceres junto al Rin

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Viajar en bici te da alas, te obliga a salir de la zona de confort y a enfrentarte cada día a un sinfín de cosas bonitas y otras no tan bonitas. Es una experiencia personal que te abre al mundo más allá de las cuatro paredes de tu casa, que fomenta tu curiosidad por descubrir gentes y lugares… y, además, ejercitas tu corazón y tu mente, porque cada pedalada va unida a un bombeo del corazón y a un pensamiento. Es un viaje de superación. No concibo otra forma de viajar.

ELECCIÓN DE LA RUTA

Llevaba ya tres años sin poder realizar un viaje de cierta importancia debido al proceso selectivo que aprobé en 2015. Tres veranos realizando viajes cortos y dedicándolos a estudiar u opositar. Mi cuerpo me pedía un viaje “serio” y practicar mis idiomas, ver mundo, respirar...

Me gusta ciclar junto al agua; soy Acuario. Quería una ruta que no supusiera mucha planificación. Me puse a indagar en la Red EuroVelo y encontré la EuroVelo 15, que va desde el nacimiento del Rin, en Andermatt (Suiza), hasta su desembocadura en Hoek van Holland (Países Bajos).

maria de la rubia rin en bici tranquilidad
Me gusta ciclar junto al agua y el Rin me acompañó en casi todo el recorrido.

Esta ruta cubre unos 1.300 km, pero, por motivos de vuelos (Oviedo-Bérgamo // Bruselas-Oviedo), cubrí adicionalmente la distancia de Bérgamo a Suiza y, al acabar, de Hoek a Wemeldinge (Zelanda-Países Bajos) donde viven unos amigos que se ofrecieron a alojarme los dos últimos días y llevarme al aeropuerto de Bruselas. En total, unos 2.300 km.

Además, me desvié en alguna ocasión de la ruta para, por ejemplo, ciclar la Ruta de los Vinos de Alsacia (EuroVelo 5), que me sorprendió muy gratamente. En definitiva, salí de Italia y atravesé Suiza, Liechtenstein, Alemania, Francia y Países Bajos.

“Una vez al año, ve a algún lugar en el que nunca hayas estado”. Dalai Lama

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En algún lugar del camino

EQUIPAMIENTO

Sería muy extenso detallar todo el equipamiento, pero resumo aquí lo principal. La máxima que hay que seguir es llevar lo justo y necesario, porque todo suma kilos y los transportan tus piernas.

  • Dos alforjas traseras (unos 20 kg en total).
  • Alforja del manillar con soporte para mapa tradicional.
  • Mi Butterfly: Stevens (Lite Tour), con alguna mejora incorporada (manillar de mariposa). Es la bici que compré cuando me robaron la anterior durante mi viaje a Cuba, a los cuatro días de pedalear.
  • Material para acampada: tienda (MSR Hubba para 1 pax, kilo y medio), colchoneta, silla desmontable y plegable, saco de dormir, frontal, etc. Me dejé asesorar en mi nueva tienda por Oxígeno, tienda cercana a Oviedo. Realmente fue un acierto; aguantó chaparrones y se montaba en un abrir y cerrar de ojos. Es lo que tiene comprar en tiendas de "kilómetro 0", siempre aciertan.
  • Ropa para la bici y para el relax posterior (ropa para lluvia, para playa, enseres de aseo, etc.).
  • Chanclas de bici con calas (Shimano). Para mí son la mejor opción en verano y, si hace un poco de frío, te pones unos calcetines.
  • Cargadores de móvil, luces, iPod, etc.

No llevo GPS o similar con la ruta metida porque me gusta descubrir cada día por dónde voy y no dejarme guiar por un “cachivache”. Utilizo mapas tradicionales y, en ocasiones, Komoot o Google Maps, que va muy bien incluso para buscar campings cercanos o panaderías para desayunar, restaurantes, etc. A mí me gusta parar a hablar con la gente que encuentro a mi paso y preguntar o dejarme aconsejar. Esto fomenta la “inmersión cultural” de mis cicloviajes, que es lo que yo busco.

LA RUTINA DEL DÍA A DÍA

Durante julio y agosto, en Europa Central hizo mucho calor. A veces, incluso, se alcanzaron los 37 grados. Por este motivo, era necesario evitar las horas centrales del día y madrugar. Me levantaba al amanecer, sobre las 6:00 h, recogía la tienda, montaba las alforjas y buscaba una panadería para desayunar. En ocasiones, tenía que ciclar 10 o 15 km porque junto al camping no había nada abierto. Pero me encantaba este momento. Lo mejor de cada día fue contemplar unos amaneceres espectaculares y disfrutar del primer café de la mañana en paz, calma y silencio, cuando aún los pueblos dormían.

maria de la rubia rin en bici desayunando frente al rin
Disfrutando del primer café de la mañana.

Luego me ponía en ruta, normalmente unos 50 o 60 km al día, aunque hubo días de menos kilómetros, especialmente al principio porque tenía que acostumbrarme al peso y cruzar los Alpes suizos fue bastante exigente. Otros días llegué a hacer hasta 85 km.

A mediodía paraba para tomar un tentempié y, hacia las 14:00 o las 15:00, llegaba a mi destino. Tocaba montar la tienda, lavar la ropa, tomarse una cervecita para celebrar el día, a veces tomar un poco el sol junto a un lago o río, darme un baño y buscar un sitio para la comida-merienda-cena. Dar un paseo por el pueblo, si lo hubiera, y pronto al saco, no sin antes revisar la ruta del día siguiente.

De todos modos, la ruta “provisional” podía cambiar si, de repente, algo despertaba mi curiosidad. Solo dormí dos noches en “cama”, principalmente porque me gusta estar en contacto con la naturaleza y al aire libre, y eso no te lo proporciona un hostal u hotel. Descansé un día en Bad Hönningen porque había unas termas que quería visitar (Kristall Rheinpark Therme) y otro día en Hoek para disfrutar de la playa.

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Carteles orientativos

ETAPAS POR PAÍSES

“Nuestro destino de viaje nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas”. Henry Miller

Menciono por países los lugares de principio y fin de etapa. No incluyo el número de kilómetros porque no serían exactos. Me desvié en ocasiones de la ruta oficial del Rin porque no deseaba visitar ciudades grandes tipo Colonia o Düsseldorf; en verano hay mucha aglomeración de turistas. En total, unos 2.300 km en casi 6 semanas. Cogí varios ferris para cruzar lagos o la zona del norte de Países Bajos hacia Zelanda.

ITALIA: El plan era salir del mismo aeropuerto en bici y pedalear por el lago de Como, el lago de Lugano, el lago Maggiore y enfilar hacia Suiza por el Lukmanier Pass (2000 m). A mí Italia me vuelve loca, pero ciclar por este país es un peligro. El respeto al ciclista es nulo y en algún momento hasta pasé miedo en el sillín. ¡Incluso hubo un día que, siguiendo las pedaladas de otros ciclistas, me metí en una autovía, casi muero de angustia!

 Bérgamo, aeropuerto Orio al Serio-Stezzano-Lecco-Domaso-Porlezza-Maccagno.

Lago Lugano (izda.) Frente a la Catedral de San Víctor en Xanten, Alemania (dcha.)
Lago Lugano (izda.) / Visitando pueblos con encanto (dcha.)

SUIZA: País caro donde los haya, al igual que bonito. Aquí, lógicamente, la ruta se iba a complicar por las tormentas alpinas y por el ascenso brutal para cruzar por el Lukmanier Pass-2000 m en dos etapas.

Bellinzona-Olivone-Lukmanier Pass-Disentis-Ilanz-Chur

LICHTENSTEIN: Breve paso por este pequeño país para dormir en un albergue juvenil de lujo.

Schaan-Vaduz

ALEMANIA: País amable con los ciclistas, lleno de pistas y caminos para bicis, muchos bosques y lagos que recorrer y cervezas estupendas. Sin embargo, el carácter alemán me resulta un poco tosco y les falta sonreír un poco más.

Lindau (Lago Constanza)-Überlingen-Meersburg-Wangen im Allgäu-Hohentengen-Bad Säckingen-Bad Bellingen

FRANCIA: Un poco aburrida del Rin, consulté con la IA y me sugirió la Ruta Ciclista de los Vinos en Alsacia. Una ruta preciosa para degustar vinos locales, dormir entre viñedos y visitar pueblos encantadores. Un país muy cordial donde siempre se encontraba una palabra amable y una sonrisa al entrar en una oficina de turismo o un negocio. Me pondré a estudiar francés para poder ciclar por este país con más frecuencia. Además, mi bisabuelo por parte de madre era francés, con lo que me encantaría ciclar por Francia para buscar mis orígenes. Eso será el año que viene.

Eguisheim-Wattwiller-Obernai-Saverne-Haguenau-Seltz

ALEMANIA: Para no desviarme mucho de la ruta, crucé otra vez a Alemania para enfilar hacia Países Bajos y reencontrarme de nuevo con el Rin. .

Lingenfeld-Worms-Mainz-Bacharach-Bad Hönningen (Termas)-Heider Bergsee-Meersbuch-Xanten

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Cataratas del Rin

PAÍSES BAJOS: Este país es muy respetuoso con los ciclistas y en ningún momento se comparte vía con coches. Además, es prácticamente llano. Después de llegar a la desembocadura del Rin (Hoek), me fui hacia Zelanda, que me sorprendió muy gratamente. Me encantaron los molinos y la gran variedad de quesos. La gente es muy cordial y se paraba con frecuencia a preguntarme de dónde venía o a dónde iba.

Arnhem-Wijk bij Duurstede-Schoonhoven-Hoek van Holland-Hoeksveer-Massvlakte (ferry)-Veere-Wemeldinge

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Zelanda

ALOJAMIENTOS

Principalmente dormí en campings porque, obviamente, era más económico y por el contacto con la naturaleza. Algunos municipales, como en Francia, costaban solo 12 € la noche; otros, entre 15 € y 25 €, y en uno me llegaron a cobrar ¡40 €!

También dormí en un convento, entre viñedos, en campings en granjas particulares, en un hotel un día y en algún albergue juvenil (con la tarjeta de alberguista internacional, que cuesta 10 € al año, obtienes un buen descuento).

En principio, eché en falta dormir más y mejor, pero los campings en verano y temporada alta no te aseguran el descanso. Aunque el horario de “toque de queda” era a las 22:00, no había supervisión y la gente se pasaba hasta las 2 o 3 de la mañana de fiesta.

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Acampando entre viñedos

LO QUE MÁS ME GUSTÓ fue la ruta de los vinos de Alsacia, la pequeña tienda de cerámica de una pareja ítalo-alemana que me acogió con mucha ternura y compré mi bolsa de tela de Alsacia de recuerdo (https://www.manufacture-la-cigogne.fr/), el RiverBike Cycling & Café (https://www.riverbike.ch/) en el bonito pueblo de Stein am Rhein, donde compré mi camiseta del Rin de recuerdo; por supuesto, las termas de Bad Hönningen con su brutal complejo de saunas, la gente que se cruzó en mi camino y algunos ciclistas con quienes compartí kilómetros, los amaneceres en el sillín, mis cervezas junto a láminas de agua, la fiesta-cena en un viñedo para degustar los vinos de la temporada, los kilómetros que hacía escuchando mi música y cantando junto al Rin, los preciosos pueblos medievales que visité, el aire que respiré, los parques nacionales por los que ciclé, los paseos en ferri, el día de playa nudista en Hoek van Holland, las risas compartidas, los vinos, las cervezas, los momentos de reflexión, el no tener ningún problema mecánico, que mi tienda aguantara chaparrones, las pizzas italianas y tantas cosas más… Pero, sobre todo, volver a sentirme viva y feliz con Butterfly por el mundo.

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Westkapelle, Zelanda

  

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Respirando...

LO QUE MENOS ME GUSTÓ quizás fue levantarme algún día después de tormentas con la tienda mojada (que tampoco fue un problema, jaja), la falta de empatía, de interés, de respeto y educación en algunos lugares, lo caro que es Suiza, las chinches en un hostal y perder mi navaja multiusos en algún lugar del mundo.

“Viajar es fatal para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de miras”. Mark Twain

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Bajando del Lukmanier Pass

Reflexiones finales

Como no podía ser de otra manera, estoy supercontenta con el viaje. Estoy orgullosa de haber logrado este objetivo, de haber salido de mi zona de confort, de haberme enfrentado a lo desconocido y de haber dado tantas pedaladas por lugares tan bonitos…

Además, no tuve ningún problema ni con los aviones, ni con la bici, ni de salud, ni me pasó nada malo destacable. Y lo más importante: cada día lo afrontaba con mucha ilusión y con incertidumbre, dejándome llevar por lo que el camino me iba poniendo delante. He conocido gente maravillosa con la que he compartido momentos inolvidables. Los viajes alimentan el alma.

De vuelta a casa, me doy cuenta de lo afortunada que he sido de haber disfrutado de esta experiencia. Me siento feliz y dichosa por todo lo vivido, por cada pedalada, por cada amanecer, por cada persona que se cruzó en mi camino y por todos esos pequeños momentos que hicieron de este viaje algo tan especial. Ahora toca descansar y pensar en la próxima cita con Butterfly, que ahora mismo se encuentra en el taller cambiando la cadena y pasando por la peluquería J.

Creo que todo el mundo debería hacer un viaje en bici al menos una vez en la vida.

 “Nadie se da cuenta de lo hermoso que es viajar hasta que llega a casa y descansa su cabeza sobre su vieja y conocida almohada”. Lin Yutang

 

Autora: María de la Rubia Gómez-Morán, intérprete de conferencias y traductora por vocación y formación (www.tradeuro.net) y desde hace un año funcionaria-docente del cuerpo de Escuelas Oficiales de Idiomas de Asturias. Cicloviajera y triatleta en mi tiempo libre para cuidar mi cuerpo y mi mente. Si necesitáis alguna recomendación, podéis escribirme (maria@tradeuro.net) y también estaré encantada de saber si os gustó o si echáis en falta algo de información. Como siempre, dedicado a mi madre, que me dio la vida.