Quiero añadir gratis Bike como fuente preferida de Google, para no perderme vuestras noticias.
Viajar en bicicleta es una de las formas más emocionantes y auténticas de descubrir el mundo con plena libertad. Sobre dos ruedas, cada camino se convierte en una aventura, cada paisaje en un recuerdo y cada parada en una oportunidad para disfrutar del momento. La bicicleta nos permite alejarnos de las prisas, conectar con la naturaleza y conocer lugares que, de otro modo, pasarían desapercibidos. Además, es una manera económica, saludable y sostenible de viajar. Sin horarios ni rutas obligatorias, podemos pedalear a nuestro ritmo, dejarnos llevar por la curiosidad y sentirnos verdaderamente libres.
Nosotros estamos totalmente enamorados de esta sensación de perderse pedaleando. Este año teníamos muy pocos días, pero aprovechamos un fin de semana largo para conocer una nueva ruta en Francia: la Vélobuissonnière. Son 230 kilómetros perfectamente marcados (nosotros llevamos la ruta en el GPS, pero no te hace falta) que unen Alençon, en Normandía, con Saumur, en el valle del Loira, atravesando la región de la Sarthe y pasando por Le Mans. Un viaje perfecto para conocer la Francia más auténtica.
El recorrido se divide en siete etapas y combina pequeñas carreteras compartidas con el tráfico (casi no vimos coches en ellas) y vías solo para ciclistas. Desde Alençon, famosa por su tradición encajera, la ruta se adentra en las colinas de los Alpes Mancelles, uno de sus tramos más pintorescos, con valles verdes, caminos rurales y pueblos llenos de encanto. Entre ellos destacan Saint-Léonard-des-Bois y Beaumont-sur-Sarthe, antes de llegar a Le Mans, donde merece la pena pasear por la histórica ciudad medieval de la Cité Plantagenêt.
La aventura continúa junto al río Sarthe, pasando por La Suze-sur-Sarthe y La Flèche, conocida por su patrimonio y su entorno natural. Más adelante, Baugé ofrece otra parada con historia antes de alcanzar Saumur, con su emblemático castillo y la cercanía del Loira como broche final.
En cuanto al perfil, no es una ruta completamente llana. El tramo norte, especialmente entre Alençon y Beaumont-sur-Sarthe, tiene más desnivel. Desde Le Mans hacia Saumur, el terreno se vuelve más suave y el pedaleo resulta más accesible.
Nosotros arrancamos precisamente desde Le Mans, que es mucho más que la ciudad de las famosas 24 Horas de automovilismo. Su mayor tesoro es la Cité Plantagenêt, un casco histórico de calles empedradas, casas medievales con entramado de madera y una impresionante muralla romana. Una ciudad que nos sorprendió y que dejamos atrás después de comer en Hangar à Léo (www.hangaraleo.com), donde te reparan la bici o puedes elegir uno de sus tres menús: Vuelta, Giro o Tour.
Después de colocar nuestras cosas en las alforjas en poco más de media hora, salimos en dirección a Malicorne-sur-Sarthe. Fueron 40 km hasta llegar a una de las poblaciones más famosas de Francia por su cerámica, donde íbamos a dormir. Aprovechamos la tarde para visitar un taller artesano y, a continuación, estuvimos en Atelier Vezanne, donde su creadora, Clélia, nos maravilló con su joyería, basada en antiguos fragmentos de cerámica montados sobre soportes chapados en oro fino.
En nuestra siguiente jornada, arrancamos visitando el castillo de Le Lude, una antigua fortaleza medieval transformada en residencia de recreo durante el Renacimiento y que es uno de los últimos castillos del Loira aún habitados por la familia del conde Louis-Jean de Nicolay, que lo ocupa desde hace 250 años.
Por la tarde, nos hicimos 50 kilómetros por tierras vinícolas, por el valle del río Loir, hasta La Chartre-sur-le-Loir. Allí nos alojamos en Le Grand Moulin, una casa rural ubicada en un molino de principios del siglo XVIII, donde nos recibió Marie Daniéle, que nos brindó una hospitalidad extraordinaria. Como parte de nuestro plan para conocer el territorio, por la tarde hicimos una cata de vinos de la zona, que cuenta con dos denominaciones de origen: Coteaux du Loir y Jasnières.
Nuestra jornada de despedida nos llevó hasta los Alpes Mancelles. Que no os confunda el nombre: están lejos de las grandes montañas de los Alpes. Se trata de un paisaje de pequeñas montañas, colinas, bosques y valles verdes.
Durante nuestra ruta, aprovechamos para comer unos crepes junto al río en Fresnay-sur-Sarthe. Allí hicimos una visita que nos maravilló: la del taller de Marianne Perlcef, que ejerce un oficio que suena a la Edad Media: vitralista. Allí pudimos ver cómo restaura vidrieras y realiza nuevas creaciones (www.laforgedelumiere.com).
Nuestro pedaleo nos llevó hasta Saint-Céneri-le-Gérei, considerado uno de los pueblos más bonitos de Francia. Allí dormimos en Bon Air Club, un original alojamiento recién estrenado que combina un campamento outdoor con la comodidad de un hotel pensado para familias.
Y allí terminó nuestra bici-libertad por este año, aunque ya estamos pensando en nuevos destinos para esos días en los que el móvil queda en un segundo plano y los pedales te llevan a lugares que no sabías que existían y en los que nunca habrías pensado estar.
¿Qué me cabe en las alforjas?
Todo nuestro equipaje tenía que caber en las dos alforjas y en la mochila de bici que llevábamos en la espalda. Aunque parezca increíble, cuando ya tienes experiencia en viajes en bici, hasta te sobra sitio. Sobre todo si, como en nuestro caso, no tienes que llevar la tienda ni la esterilla.
La ropa se reduce a un par de culotes y maillots, unos manguitos, un forro polar, un pantalón largo tipo chándal, un chubasquero, un par de camisetas, tres pares de calcetines, un bañador y un par de mudas de ropa interior. En cuanto al calzado, llevamos tres pares: las zapatillas de bici, unas deportivas y unas chanclas.
En cuanto a las herramientas, llevamos un par de cámaras, desmontables, una multiherramienta y una de esas nuevas bombas eléctricas que no ocupan nada e hinchan la rueda en segundos. No está de más llevar un pequeño botiquín y una toalla pequeña de microfibra. ¡Y que no se te olvide un buen candado!
