Quiero añadir gratis Bike como fuente preferida de Google, para no perderme vuestras noticias.
Hay una tentación muy habitual entre quienes entrenan: convertir la analítica de sangre en una especie de “examen de rendimiento”. Cuantos más parámetros, mejor. Y si alguno aparece ligeramente fuera del rango del laboratorio, pensamos inmediatamente que algo va mal. La realidad es bastante diferente.
Una analítica no sirve para medir directamente cuánto vas a correr, cuánto peso vas a levantar o si estás recuperando bien de la última sesión. Sirve para detectar problemas de salud, déficits nutricionales y determinadas alteraciones que pueden afectar al rendimiento. Y, sobre todo, permite seguir la evolución de un deportista a lo largo del tiempo.
De hecho, las revisiones actuales sobre biomarcadores en deporte insisten en una idea fundamental: los resultados deben interpretarse teniendo en cuenta el nivel habitual de cada deportista, el entrenamiento reciente, la alimentación, hidratación, sueño, sexo, enfermedades recientes y contexto deportivo. Un valor aislado puede decir mucho menos de lo que parece.
1. Hemograma: el punto de partida
Si tuviéramos que escoger un bloque imprescindible, sería el hemograma.
Aquí encontramos varios parámetros, pero para el deportista hay cuatro especialmente interesantes:
- Hemoglobina.
- Hematocrito.
- Volumen corpuscular medio (VCM).
- Número de glóbulos rojos.
La hemoglobina es especialmente importante porque se encarga de transportar oxígeno desde los pulmones hasta los tejidos. Si existe anemia, la capacidad de transportar oxígeno puede disminuir y el rendimiento aeróbico puede verse afectado.
Como referencia general, la OMS considera anemia en adultos una hemoglobina inferior a 13 g/dL en hombres y 12 g/dL en mujeres no embarazadas. Pero en deportistas hay que tener cuidado con interpretar el número de manera aislada: el entrenamiento puede aumentar el volumen plasmático y producir una “hemodilución” que modifica algunos valores sanguíneos sin que exista necesariamente una enfermedad.
Por eso, más que buscar una hemoglobina “perfecta”, interesa conocer tu valor habitual y observar su evolución.
2. Ferritina: probablemente el parámetro nutricional más importante
Si practicas deporte de resistencia, eres mujer deportista, tienes menstruaciones abundantes, sigues una dieta vegetariana o vegana o has experimentado una caída inexplicable del rendimiento, hay un valor que merece especial atención: la ferritina.
La ferritina sirve como indicador de los depósitos de hierro del organismo.
Y aquí aparece una de las grandes confusiones: puedes tener una hemoglobina normal y, sin embargo, tener las reservas de hierro bajas.
En medicina deportiva se suele considerar que una ferritina inferior a 15 µg/L indica depósitos prácticamente agotados y que entre 15 y 30 µg/L existen reservas bajas. Por ello, 30 µg/L se utiliza con frecuencia como punto de corte práctico en deportistas.
Pero tampoco hay que obsesionarse con conseguir una ferritina altísima. En un deportista sin déficit, aumentar artificialmente el hierro no proporciona automáticamente más oxígeno ni más rendimiento.
Si aparece una ferritina baja, además, hay que investigar por qué: alimentación insuficiente, menstruación, pérdidas de sangre, problemas de absorción o demandas elevadas de entrenamiento pueden estar detrás.
3. Transferrina y saturación de transferrina: completar la fotografía del hierro
Cuando existe sospecha de déficit de hierro, no siempre basta con pedir ferritina.
La transferrina es la proteína encargada de transportar el hierro por la sangre y la saturación de transferrina nos ayuda a saber cuánto de esa capacidad de transporte está ocupada por hierro.
El hierro sérico, por sí solo, es bastante menos útil: puede variar durante el día y verse afectado por diferentes factores.
Por eso, ante una sospecha de déficit, tiene más sentido valorar conjuntamente:
Hemoglobina + VCM + ferritina + transferrina/saturación de transferrina.
Esta combinación permite distinguir mejor entre una simple variación aislada y un problema real del metabolismo del hierro.
4. Vitamina B12 y folato: importantes, pero no para todo el mundo
La vitamina B12 y el ácido fólico participan en la formación de glóbulos rojos y en el funcionamiento del sistema nervioso. Son especialmente interesantes si sigues una dieta vegana o vegetariana, tienes problemas digestivos o de absorción o existe una alteración del hemograma.
La vitamina B12 merece especial atención porque una deficiencia puede provocar anemia y síntomas neurológicos. En deportistas con una alimentación adecuada no existe ninguna razón para intentar elevarla indefinidamente mediante suplementos.
En otras palabras: el objetivo es corregir una deficiencia, no conseguir una cifra espectacular en la analítica.
5. Vitamina D: más relacionada con salud que con “más rendimiento”
La vitamina D se ha convertido en uno de los valores estrella de las analíticas deportivas. Y tiene sentido vigilarla, especialmente en deportistas con poca exposición solar, entrenamientos principalmente en interiores, dietas restrictivas o antecedentes de problemas óseos.
La vitamina D interviene en la salud ósea y muscular, por lo que una deficiencia puede ser relevante para un deportista. Sin embargo, tener una vitamina D más alta que otro deportista no significa automáticamente rendir más. Por eso no deberíamos convertirla en un marcador de rendimiento, sino fundamentalmente en un indicador de salud y de suficiencia nutricional. Las revisiones sobre laboratorio deportivo incluyen vitamina D, calcio y marcadores del metabolismo óseo especialmente cuando existe riesgo de lesiones por estrés.
6. Glucosa, perfil lipídico y función renal: la salud también importa
Un deportista no deja de ser una persona que necesita controlar su salud cardiovascular y metabólica. La glucosa en ayunas, el colesterol total, HDL, LDL y triglicéridos pueden formar parte de una analítica general, especialmente si existen antecedentes familiares, sobrepeso, hipertensión u otros factores de riesgo.
También es interesante comprobar la función renal mediante parámetros como creatinina y urea, aunque aquí el deportista tiene una particularidad: una persona musculada o que ha entrenado recientemente puede presentar una creatinina más elevada sin que exista necesariamente una enfermedad renal.
Lo mismo sucede con la urea, que puede aumentar con una ingesta elevada de proteínas, deshidratación o una carga importante de entrenamiento. Por eso, un resultado ligeramente fuera de rango no debería interpretarse automáticamente como patológico.
7. Transaminasas: cuidado con asustarse por un AST elevado
AST, ALT, GGT y otros marcadores hepáticos aparecen habitualmente en una analítica. Pero el deportista tiene una peculiaridad importante: algunas enzimas que asociamos al hígado también están presentes en el músculo. Después de un entrenamiento intenso, especialmente de fuerza, puede aumentar la AST y también la CK (creatina quinasa) como consecuencia del estrés muscular.
Esto explica por qué una analítica realizada inmediatamente después de una sesión dura puede resultar bastante diferente de otra realizada después de varios días de recuperación. En un estudio sobre deportistas de élite, las alteraciones más frecuentes durante un cribado rutinario fueron precisamente aumentos de AST, fosfato, CK, urea y bilirrubina, y muchas de ellas no tenían relevancia clínica.
La lección es clara: no interpretes una analítica deportiva como si fuera la de una persona sedentaria que no ha entrenado durante varios días.
8. CK: ¿sirve para saber si estás recuperado?
La creatina quinasa (CK) aumenta cuando existe daño o estrés muscular. Puede ser interesante para interpretar la respuesta a una carga de entrenamiento, especialmente si se dispone de valores individuales previos. Pero no es un “semáforo” universal.
Una CK alta no significa necesariamente que estés sobreentrenado, ni una CK normal garantiza que estés perfectamente recuperado. Las diferencias entre individuos son enormes y el ejercicio reciente tiene una influencia enorme sobre el resultado. Si te hicieras una analitica a las 24-48 horas de correr un maratón y los médicos desconocieran que has participado te internarían en el hospital. Los niveles de creatina quinasa (CK) pueden dispararse de forma masiva tras un maratón, alcanzando habitualmente valores de 10.000 a 20.000 U/L (unidades/litro), frente a un valor normal de referencia que suele estar entre 25 y 200 U/L.
Las recomendaciones actuales sobre biomarcadores de carga de entrenamiento precisamente advierten de esta dificultad: los valores deben interpretarse respecto al nivel individual y al contexto, no utilizando únicamente rangos poblacionales.
9. Proteína C reactiva: ¿hay inflamación?
La PCR puede utilizarse como marcador de inflamación. Puede ser interesante cuando existen síntomas, infecciones, lesiones o una sospecha clínica concreta. Pero tampoco es un marcador directo de “recuperación”. Una pequeña elevación puede tener múltiples explicaciones, incluida una respuesta al ejercicio.
Por eso no tiene demasiado sentido hacerse una PCR después de cada semana de entrenamiento para decidir si hay que descansar.
10. ¿Y testosterona, cortisol y otras hormonas?
Aquí es donde muchas analíticas deportivas empiezan a convertirse en una colección de números difíciles de interpretar. Testosterona, cortisol, TSH, T3, T4 y otras hormonas pueden ser muy útiles cuando existe una pregunta clínica concreta. Pero no deberían utilizarse como una especie de marcador diario de “anabolismo”, “estrés” o “fatiga”.
El cortisol, por ejemplo, varía según la hora del día, el estrés, el sueño y el ejercicio. La testosterona también presenta variaciones importantes. Además, en deportistas con baja disponibilidad energética puede existir alteración de diferentes ejes hormonales. En este contexto, la analítica puede formar parte de una evaluación más amplia de RED-S (deficiencia energética relativa en el deporte), pero nunca debería interpretarse de forma aislada. El consenso del Comité Olímpico Internacional sobre RED-S recomienda integrar indicadores clínicos, fisiológicos y de rendimiento.
Entonces, ¿qué debe pedir un deportista?
Para una persona sana que entrena regularmente, un punto de partida razonable sería:
Básico
Hemograma completo
- Hemoglobina
- Hematocrito
- VCM
- Leucocitos
- Plaquetas
Hierro
- Ferritina
- Hierro
- Transferrina y/o saturación de transferrina
Bioquímica
- Glucosa
- Creatinina
- Urea
- Electrolitos
- Perfil hepático
Metabolismo
- Colesterol total
- HDL
- LDL
- Triglicéridos
Según el deportista
Añadir vitamina D, vitamina B12, folato, TSH, PCR, CK u otros parámetros cuando existan factores de riesgo, síntomas, una dieta concreta, una carga de entrenamiento elevada o una indicación médica.
¿Cada cuánto hay que hacerse una analítica?
No existe una frecuencia universal. Un deportista sano puede realizar controles periódicos dentro de sus revisiones médicas, mientras que alguien con déficit de hierro, síntomas, cambios importantes en la dieta o una carga de entrenamiento muy elevada puede necesitar controles más frecuentes.
Y hay algo incluso más importante que la frecuencia: repetir la analítica en condiciones comparables. Si queremos conocer la evolución de un deportista, resulta mucho más útil comparar resultados obtenidos en circunstancias similares que obsesionarnos con el rango de referencia del laboratorio.
