Nuestra anatomía está en constante evolución a lo largo de la vida. Desde que nacemos hasta que morimos nuestro cuerpo va experimentando cambios, también en su forma, estatura, peso y proporciones, además de aspectos como la flexibilidad o elasticidad de los tejidos, que es diferente y regresiva a medida que pasan los años.
Esta circunstancia pone sobre la mesa la necesidad de ir revisando, de manera más o menos periódica, nuestras medidas ideales sobre la bicicleta mediante estudios biomecánicos, en los cuales, recordemos, tenemos que adaptar la bicicleta a nuestra anatomía y no viceversa. Pero ¿con qué periodicidad es necesario? Esta es una gran pregunta que, por supuesto, no tiene una respuesta concreta porque, entre otras cosas, no existe un estudio científico del que se puedan desprender unas recomendaciones específicas. Sin embargo, según el consenso de varios expertos y por la experiencia de biomecánicos, se pueden establecer algunos plazos razonables bajo los cuales deberíamos ir revisando nuestra posición en la bicicleta.
¿Cada cuánto? depende
Comenzando a describir los casos en los cuales es necesario hacerse un estudio, es evidente que es más que recomendable cada vez que cambiamos de bicicleta o incorporamos una nueva a nuestro garaje. Eso asegurará que pedaleamos correctamente con ella desde el principio. No siempre o casi nunca nos sirven las medidas de la bici anterior, pues cada modelo tiene una geometría diferente y debemos tener en cuenta esas diferencias.
Cuando hablamos de ciclistas que montan de manera muy intensiva y son muy jóvenes, hasta los 20 años, es recomendable hacer revisiones, estudios biomecánicos totales o parciales cada año y medio. Este tipo de población crece de manera rápida, varios centímetros incluso por año y debemos ir adaptando rápidamente, no sólo la talla, sino las medidas de la bicicleta a la nueva estatura y proporciones del adolescente.
En población adulta, de edad media, al margen de los cambios de bicicleta, es recomendable pasar un estudio cada tres años, aproximadamente. Esto nos permite ir reajustando medidas en función de cómo evolucionen aspectos como nuestra flexibilidad en músculos como isquitobiales, movilidad de la cadera, curvaturas lumbares, dorsales o cervicales o por otro lado, adaptarse a posibles lesiones que, por el camino, hayamos podido ir sufriendo.
En ciclistas de más de 60 años es recomendable ir prestando más atención o, al menos, revisar con más asiduidad la posición sobre la bicicleta. Los cambios o modificaciones en la anatomía se intensifican y se vuelven más relevantes. Curvaturas, pérdidas de flexibilidad y disminuciones significativas de fuerza hacen que la bici tenga que adaptarse con más frecuencia que en población más joven, la cual mantiene de manera más estable estos parámetros a lo largo del tiempo en la etapa media de la vida. Quizás una periodicidad cada dos años o año y medio si la práctica deportiva es muy frecuente, mediante estudios completos o revisiones parciales.
