ROCKY MOUNTAIN SLAYER SXC50

Esta Rocky Mountain pega duro y sin compasión. Lo suyo es el cross country "a lo bestia". Con ella llega la era del Super Cross Country.
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ROCKY MOUNTAIN SLAYER SXC50
ROCKY MOUNTAIN SLAYER SXC50

Heredera de una saga salvaje, como buena canadiense que se precie la Rocky Mountain Slayer necesita respirar libertad, montaña abierta, bosque y senderos, aire puro y caminos poco pisados. No le gustan las pistas llanas ni las zonas lisas aunque ha aprendido a llevarse sorprendentemente bien con ellas, lo suyo es algo diferente a dar pedales pendiente de las pulsaciones y los cronos, es entenderse con los saltos, las raíces y las rocas para "fluir" sobre los lugares más enrevesados. Ha perdido algo de peso respecto a su antecesora, con el mismo nombre, y ha ganado agilidad pero sigue conservando su capacidad bruta. Ahora ve la montaña aún con más amplitud de miras, es más polivalente dentro de su carácter free. Los tirantes de carbono son algunas de las mejoras más aparentes, pero realmente se han cambiado muchas más cosas y de hecho el diseño tanto de la trasera como del triángulo principal es muy diferente al anterior.

CAMBIO TOTAL
Atrás quedó la trasera-triángulo de una sola pieza, ahora lleva un ancho basculante y contactando con él sólo en la parte posterior, encima del eje trasero, unos negros tirantes, con una articulación que no existía en la anterior Slayer. Por delante vainas y tirantes son independientes, no hay una estructura vertical que los una, y quizá por eso es un poco menos rígida que su predecesora. Unida a los tirantes hay una bieleta sobre la que apoya el amortiguador, que consigue la especial variación de la progresividad de la suspensión que se busca con la Slayer. También es totalmente nueva la mitad delantera: ahora el amortiguador no se une a una estructura que enlaza tubo de sillín con tubo inferior, sino que va directo al diagonal, por medio de una pieza mecanizada desmontable.
Los acabados de sus soldaduras son únicos, con cordones anchos y de aguas espaciadas, como en los primeros tiempos del aluminio puramente artesanal. Lo malo de las palabras es que difícilmente expresan la agradable impresión visual que produce contemplar el cuadro de esta norteamericana: transmite solidez y fiabilidad, sus mecanizados te trasladan a un escenario con técnicos de Rocky Mountain trabajando meticulosamente sobre la bici. Mirarla da placer… sobre todo cuando uno mismo es el dueño. Los hidroformados se adueñan de los dos tubos principales, que adoptan formas angulosas más acentuadas en la pipa de dirección y los mecanizados abundan por donde sea que mires, seduciéndote a la primera.

SEDUCCIÓN 2ª PARTE
El juego de las miradas surtió efecto y la renovada Slayer consiguió conquistarnos, pero lo importante estaba por llegar: tenía que saber seducirnos también en pleno terreno de juego. Unos ajustes iniciales de las manetas, ángulo de manillar y sillín, aprietes varios, una brida más para sujetar el latiguillo del freno trasero en la vaina, que nos rozaba con la pierna y estamos listos para empezar a probar. Lo primero que sorprende de esta pequeña bestia es que más que una freeride parece una enduro ligera por cómo acelera y lo ágil que resulta, aunque su postura de conducción está más cerca del descenso que del rally.
Una de las claves de este comportamiento está en su suspensión trasera LC2R, apta para el pedaleo pero un poco decepcionante si esperas que filtre los baches más pequeños como hacen otras bicicletas de este talante. No es muy sensible. Superado el umbral primero parece que te has subido a otra bici distinta: aparece una gran cantidad de recorrido, muy lineal, con la sensación de que no tiene límite. La verdad es que al principio no nos gustó, no entendíamos ese comportamiento de progresividad decreciente, aunque la parte final del recorrido se hace progresiva para evitar topes y por eso se elige la versión especial de más volumen de aire del Fox RP23, que es la más lineal.
Probamos a bajar la presión para intentar ganar sensibilidad, pero entonces ni con el rebote abierto a tope recuperaba con la suficiente velocidad y en los baches seguidos se iba hundiendo cada vez más. Estaba claro que por ahí no íbamos a ningún sitio. Esa impresión nos permitió aprender a aprovechar sus virtudes, volvimos a la presión anterior (subiendo de 100 hasta 150 psi) y acabamos entendiéndonos bastante bien con ella.
No esperes que te quite de en medio las más pequeñas piedras, aunque a cambio responderá de forma eficaz a los batacazos más importantes. A esta Slayer es preferible comprenderla y adaptarse que intentar cambiarla, tarea imposible. La Rocky Mountain no se anda con medias tintas: un tacto inicial firme para que pedalees como un ángel, después un movimiento dulce y suave para que bajes como un demonio y una parte final más progresiva para evitar que acabes en el infierno por un escalón demasiado brusco.

FÚNDETE CON EL BOSQUE
¿A dónde llevamos a la Slayer?, ¿cuál es su terreno favorito? La respuesta la fuimos obteniendo a medida que la íbamos usando cada día: te hace sentir cómodo en la ciudad saltando escaleras y obstáculos por su relativa rapidez; transmite buenas sensaciones en los tramos de pedaleo por la montaña por su curiosa curva de progresividad y es precisa y segura en bajadas importantes por su recorrido de suspensiones. Es una bici “de bosque” que se defiende bien en muchas circunstancias, sabiendo de antemano que sus más de 14 kilos tampoco dan para ascensos de cronoescalada. Con la Slayer volvimos a tener uno de esos encuentros solemnes con el espíritu Bomber animado por muelles, que convierte cualquier bici en un “aparato de bajar”.
Toda la sensibilidad que le falta a la trasera te la da la Marzocchi All Mountain 1 en su versión sólo disponible para primeros montajes (OEM) ya que en las tiendas encontrarás la 1 SL, más completa y ligera. Su muelle tiene un tacto que cuesta creer y que te hace “ir a por más” en las bajadas, pero es muy lineal y pedalear en pie se convierte en una experiencia excesivamente ondulante. Por suerte esta experiencia resulta en más avance con un simple giro de la palanca izquierda hacia delante: el sistema ETA recorta en 30 mm el movimiento de la suspensión y transforma el recorrido que queda en un arma para subir y dar pedales, porque se endurece radicalmente, dándonos sensación de firmeza pero sin dejar de absorber impactos.
La regulación TST2 (Terrain Selection Technology) te permite elegir entre hidráulico abierto a tope y bloqueo y es accesible en marcha, aunque en nuestra horquilla la palanca estaba muy dura de mover. Jugando con el control de rebote, bajo la pata derecha, terminarás por afinar la suspensión a tu gusto. Bajando fuerte vas a encontrar algunas limitaciones, el precio a pagar por su mayor polivalencia. Quizá por eso reventamos por pellizco un par de veces, ya que ni llevamos tubeless ni las gomas Mibro de 2.25" tienen una carcasa sólida, pero son muy ligeras, claro, y eso se nota en las aceleraciones que es un gusto. Su chasis invita a lanzarse… y luego pasa lo que pasa. Tampoco son sus ruedas CrossRide lo más rígido del mercado, atrás se percibe cierta flexión lateral en apoyos fuertes y saltos con transición que pensábamos que era culpa del cuadro, hasta que probamos con una llanta DeeMax de descenso y vimos que ganaba toda la precisión que esperábamos de la Slayer.
No es un escándalo pero si quieres hacer el animal, algo muy factible con su sólida estructura, vas a ir mejor con otras ruedas. El lujo sería tener dos pares, las de rodar y las de “jugar”. Lo que nos quedó claro es que esta Rocky Mountain tiene un encanto especial y una forma de ser que no deja indiferente. Rueda con facilidad, en parte por su tarado de suspensión, y te permite llegar a lo más alto de la montaña en condiciones suficientes como para descender como un poseso. "Pos eso", resumiendo al máximo, que es una gran bajadora a la que no se le atragantan las subidas, ideal para rutas interminables por terrenos verdaderamente agrestes. 

Prueba completa publicada en BIKE nº 178 
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FICHA TÉCNICA

P.V.P APROX: 3.890€ 
CUADRO
Aluminio Easton 7005 T6. Tirantes de carbono. Peso: 3.480 g (Talla 16.5”). Recorrido: 150 mm
AMORTIGUADOR Fox Float RP23 High Volume. Long. 197 m.
HORQUILLA Marzocchi Bomber All Mountain 1. Muelle. Bloqueo TST2. Regulación de rebote. Sistema ETA: 160 ó 130 mm recorrido. Peso: 2.330 g (con tubo de aluminio de 205 mm)
BIELAS Race Face Evolve XC 175 mm. 22/32/44
PEDALIER Race Face X-Type.
PEDALES Shimano PD M520
CAMBIO SRAM X-9
DESVIADOR Shimano LX. 31.8 mm.
MANDOS CAMBIO
SRAM X-7
CASETE SRAM PG-970. 11-32
CADENA SRAM PC-971
FRENOS Avid Juicy Five. Discos 185 mm.
DIRECCIÓN FSA 36º Cartridge
POTENCIA RaceFace Evolve XC.
MANILLAR Race Face Atlas oversize
SILLÍN SDG Bel Air ST
TIJA SILLÍN Race Face Evolve XC. 30.9 x 350 mm.
RUEDAS Mavic CrossRide Disc 24 radios
CUBIERTAS IRC Mibro 2.25"Tubeless plegables
PESO 14.4 kg. (con pedales)
TALLAS 15.0" / 16.5" / 18" / 19" / 20.5"
DISTRIBUIDOR Team Bike. Tel. 902 22 38 38. www.teambike.es http://www.bikes.com/

TELEX
» La nueva Slayer satisface a tu lado más radical sin dejar demasiado de lado tu vertiente rutera.
» El diseño de suspensión es propio y la bici está hecha de forma muy artesanal en la factoría de Vancouver, Canadá. Piezas mecanizadas, soldaduras, tratamientos de tubos, pintura..., todo sale "de casa".
» No es una pluma pero su peso no supone una limitación para ir de excursión. Eso sí, no esperes destacar en un Bike Maratón con ella.
» Si te gusta bajar fuerte lo primero a cambiar son las cubiertas, por unas más rígidas. Puedes dejarlas en su sitio si prefieres la máxima polivalencia.

GEOMETRÍA
Longitud entre ejes: 110,5 cm.
Vainas: 43 cm.
Tubo sillín: 42 cm.
Tubo superior: 50/53,3 cm.
Ángulo sillín: 73º
Ángulo dirección: 68º


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