La aventura Madrid-Lisboa contada desde dentro por los miembros del “Pedaleo con Corazón”

La Powerade Non Stop Madrid-Lisboa nos ha dejado historias como esta, donde un grupo de personas pedaleaban no solo para ganar kilómetros al camino sino también por motivos que sobrepasan lo estrictamente deportivo.
REDACCIÓN MOUNTAINBIKE.ES -
La aventura Madrid-Lisboa contada desde dentro por los miembros del “Pedaleo con Corazón”
La aventura Madrid-Lisboa contada desde dentro por los miembros del “Pedaleo con Corazón”

Hace unos días, antes de la puesta en marcha de la durísima Powerade Non Stop Madrid-Lisboa, os contábamos el doble reto al que se enfrentaban un grupo de amigos con unos motivos más allá de superar los 780 kilometros que separan Madrid de Lisboa, recaudar dinero para los niños de la Fundación Menudos Corazones

Ahora tenemos su historia contada en primera persona. Una historia de dificultades y esfuerzos pero a la vez cargada de recompensas:

 

¡¡¡Chavaleeesss!!! ¡¡¡Europ Assistance, Subaru, Zumosol, Osborne y cuatro empresas más nos van a patrocinar y ayudar en nuestro reto!!!

Un mes escaso antes de ese WhatsApp que envié al grupo, estaba reclutando voluntarios para pedalear en la que llaman, la prueba más larga y dura del mundo de bicicleta de montaña (BTT), y que consiste en cubrir 770 kilómetros entre Madrid y Lisboa, sin parar, de día y de noche.

Y así, hechos un manojo de nervios, entre 700 bicicletas más, tomábamos la salida desde Las Rozas de Madrid, un viernes a las 12 de la mañana, la primera pareja de los dos equipos de Pedaleo con Corazón, nombre con que bautizamos la iniciativa de convertir esta aventura en un reto solidario para recaudar 6000€ para la fundación Menudos Corazones, que ayuda a niños con cardiopatías congénitas y a sus familias.

Pedaleamos muy fuerte y cubrimos la primera etapa con una ventaja de 1 hora sobre su cierre, así que todo marchaba viento en popa, hasta que solo 15 minutos después de tomar el relevo la segunda pareja, nos avisan de que Fran ha sufrido una grave caída y no puede continuar.

Decidimos que Diego, su compañero de rodaje, continúe en solitario, mientras unos llevamos a Fran al hospital para que le pongan 11 puntos de sutura en su brazo, y el resto acuden a la segunda estación de control a esperar la llegada de Diego.

Pero Diego tarda más de lo normal porque ha tenido problemas con el cambio de su bici y su GPS ha dejado de funcionar, por lo que, como puede, llega con dos horas de retraso sobre lo previsto, pero todavía dentro del tiempo de corte. Bien, seguimos dentro.

Tras la reunificación del grupo en este punto, ya a las 23:30 del viernes,  y con Fran de vuelta (aunque fuera de juego) vamos cubriendo etapas hasta la séptima, pedaleando por bosques, sendas y caminos de noche, sin dormir, intentando disfrutar de cada momento, compartiendo e interiorizando cada instante, la oscuridad, el silencio, el amanecer, el esfuerzo y cansancio, y con un horizonte claro en nuestra mente: llegar a Lisboa y conseguir nuestro reto.

Pero la tensión vuelve a los equipos cuando nos hacemos conscientes de que nuestro coche de asistencia está sin combustible y la gasolinera más cercana se encuentra a 50 kilómetros. Mientras debatimos qué hacer, va cayendo el sol, es necesario arreglar el cambio de alguna bicicleta, y unos cocinan para que otros cenen antes de salir a rodar la siguiente etapa.

Llamamos a nuestro seguro de asistencia y en una hora ya nos han traído 20 litros de combustible para poder emprender camino.

Entre relevos pasan las etapas nocturnas, las más duras, pues ya nuestras piernas acumulan muchos kilómetros y ninguna hora de sueño.

Tras un nuevo incidente con el GPS de Diego a mitad de la última etapa y a solo 50 kilómetros de Lisboa, tres de nosotros (entre ellos Fran con su brazo convaleciente) parten en su ayuda para acompañarle el resto del camino hasta la meta.

En la meta esperamos el resto de la tripulación, impacientes, hasta que por fin, 52 horas después de partir de Madrid, les vemos enfilar, agotados pero decididos, el arco de meta, desencadenándose una espiral de emociones encontradas, entre sueño, agotamiento y el orgullo y satisfacción de haber hecho algo muy grande: haber conseguido nuestro objetivo, tanto el deportivo como el de recaudación y ayuda a los “menudos”.

Este ha sido mi primer reto deportivo solidario y ha supuesto un esfuerzo enorme en su preparación: búsqueda de colaboradores, organización de los equipos, logística, … además de un fuerte entrenamiento previo, todo a costa de horas robadas al sueño… y hemos pecado de inexperiencia en muchas cosas, y sufrido más de lo necesario para llegar al final, pero sin duda, ha merecido la pena: es francamente reconfortante culminar una prueba deportiva de extrema dureza pensando que además estás ayudando y aportando tu granito de arena para una causa tan bonita como ayudar a los “menudos”.

Gracias a todas las personas, amigos, familiares, conocidos, desconocidos y empresas que nos habéis ayudado y hecho posible esta aventura.

Hoy, nuestros corazones laten más fuerte.

 

 

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