Entrevista Pablo Rodríguez: Un ‘hijo’ de Hermida

Hoy es uno de los mejores bikers del mundo, pero Pablo Rodríguez, gallego con un futuro que ilusiona, ha llegado hasta aquí gracias a que un día, cuando José Antonio Hermida aterrizó en su pueblo para fundar una escuela de ciclismo, soñó con ser como el catalán, recién llegado de Atenas’04 con una plata bajo el brazo.
Álvaro Calleja. Fotos: Alejandro Cubino -
Entrevista Pablo Rodríguez: Un ‘hijo’ de Hermida
Hablamos con el gallego de MMR de su porvenir y de sus inicios en la Escuela Hermida

Cuando José Antonio Hermida, leyenda del mountain bike español, tan carismático como talentoso, ya hacía de las suyas por los caminos más complicados del mundo, Pablo Rodríguez estaba sentado en clase, abriendo y cerrando los libros, pasando las páginas, escuchando al profesor, mientras por su cabeza, cada dos por tres, una bicicleta se cruzaba. Su cuerpo estaba en el aula, pero su mente volaba a base de pedaladas, imaginándose con un maillot y un culote en cualquier rincón del planeta. Quería ser como el catalán desde que éste, de raíces gallegas, había apadrinado una escuela en Maceda, el pueblo del pequeño Pablo, allá por la hermosa Ourense.

A ella, a la Escuela Ciclista José Antonio Hermida, entró un Pablo Rodríguez (24 de junio de 1993) al que se le iluminaba la mirada cuando veía de cerca al héroe de Atenas 2004. “Y es que yo no era como el resto de niños, a los que sólo les gustaba el fútbol. Yo prefería el ciclismo, así que para mí ver a Hermida en 2004, que acababa de venir con la medalla de los Juegos Olímpicos, era como para los niños de ahora ver a Cristiano Ronaldo. Lo veía como alguien intocable, como un superhéroe. Y yo quería ser como él”, nos dice el gallego, que ahora, con los colores del MMR Factory Racing Team, se codea con los más grandes de su deporte preferido: “Poder competir con Hermida y con el resto de los que veía por la televisión, y algunas veces ganarlos, es algo inexplicable, es esa motivación que me hace salir a entrenar cada día”.

La ilusión de Pablo, extrovertido, simpático y agradable en las distancias cortas, es la de un chico que está a punto de cumplir 24 años y que no tiene ni idea de dónde están sus límites. “No lo sé, pero lo que sí sé es que quiero estar muchos años de profesional, al máximo nivel. Ahora mismo no me planteo ganar un Mundial, una Copa del Mundo o un Campeonato de Europa, pero sí seguir disfrutando”. Las carreras, como él mismo dice, ya le pondrán en su sitio. Y de momento, con un podio en una de las citas de la Copa del Mundo del pasado año, le colocan en un lugar privilegiado.

Hace menos de quince días ha arrancado una nueva edición de la Copa del Mundo, y has arrancado muy bien, rozando el top ten en las dos primeras pruebas. ¿Tu objetivo en 2017?
El objetivo es estabilizarme, buscar mi sitio. El año pasado dejé el listón bastante alto, tanto individual como por equipo, con el que hicimos una temporada enorme. Está claro que es complicado igualar o superar el podio de la Copa del Mundo o el top ten del Campeonato del Mundo. Es un resultado que puede volver a repetirse o no, pero lo principal es consolidarme entre los referentes a nivel mundial. Ahora mismo somos unos veinte o treinta corredores los que aspiramos a ello, hay unas diferencias muy mínimas. Después de las dos súper estrellas, Nino y Absalon, hay un hueco que dejan libre y en el que podemos estar cualquiera. Quiero situarme ahí y ver hasta dónde puedo llegar exactamente dentro de ese margen.

Asusta mirar tu palmarés y fijarse en tu edad… Eres el corredor llamado a coger el testigo de esta generación de oro que, poco a poco, se va marchando. ¿Notas ese peso?
No pienso ni en el relevo, ni en ser la cara visible de este deporte. Mucha gente me dice que soy el heredero de Hermida, pero yo no pienso en nada de eso, no lo creo. Lo que sí creo es que estoy dando pasos escalonados, que estoy teniendo una progresión muy bonita. Desde júnior de segundo año, que me subí al podio de la Copa del Mundo en República Checa, he ido dando pasitos. Los primeros años en sub-23 fueron complicados, pero cada año iba a mejor, y el último, además, pude ganar una Copa del Mundo, que era uno de mis sueños antes de dejar la categoría, y fui campeón de Europa, algo que nunca lo hubiera imaginado. Y luego, encima, en mi primer año en élite, que es un salto complicado, hago podio en una Copa del Mundo, que es un resultado que muchos corredores después de quince años de profesión no consiguen. Ahora mismo entrar en el top diez de una Copa del Mundo es algo complicadísimo.

¿Has entendido ya la decisión de no escogerte para los Juegos Olímpicos de Río?
Sí, la entiendo, aunque a mi manera. Mejor dicho, la comparto, pero no la entiendo -se ríe-. Era una decisión muy complicada porque estábamos cinco corredores a un nivel muy alto, así que lo único que no entiendo, y que me parece mal, fueron las formas que se emplearon. No tengo nada personal contra el seleccionador, pero sí contra la Federación, porque hay algo que no estaba bien hecho, y es que no había unos criterios. Existía la posibilidad de que pasara lo que pasó, de que estuviéramos los cinco tan igualados, y no se hizo nada para remediarlo, para anticiparse. Hubo jaleo por eso, porque no hubo unos criterios.

El Campeonato de España 2016 fue especial, por ser en casa, en Maceda, y por el triplete de MMR. ¿Qué sentiste?
El Campeonato de España pilló en un mal momento. Sabía que era en casa, pero por calendario y planificación, y por cómo había sido todo por los Juegos, no me cuadraba. Fueron unas semanas complicadas para mí. Justo la semana siguiente fue cuando paré y me replanteé todo, me pregunté qué necesitaba de cara al final de temporada, y ahí, en ese instante, fue cuando salió el nombre de la Copa del Mundo de Andorra. El Campeonato de España nunca me lo planteé como un objetivo, y, de hecho, quizás anduve más de lo que tenía en las piernas por ser en casa. Lo recuerdo como un podio muy positivo.

¿DÓNDE ESTÁ SU TECHO?

¿Hasta dónde puede llegar Pablo Rodríguez?
No lo sé, pero lo que sí sé es que quiero estar muchos años de profesional, muchos años al máximo nivel, aunque ahora mismo no me planteo ganar un Mundial, una Copa del Mundo o un Campeonato de Europa. Lo que quiero es seguir disfrutando mucho de esto y hacer las cosas bien, trabajar para ir cada día más rápido. Luego ya están las carreras para ponerte en tu sitio. Cada una es un mundo, y más en el mountain bike, donde no sólo vale ir rápido, sino que dependes de mil factores.

Va todo muy rápido en tu vida. ¿Consigues que tu cabeza siga a tus piernas?
Aunque la pelota cada día se hace más grande, estoy consiguiendo que mi cabeza lo asimile cada vez más rápido. Ahora quiero estabilizarme, demostrarme que éste es mi sitio y ver si puedo aguantar muchos años aquí, que es lo complicado de poner un listón tan alto al principio. Lo difícil es mantenerse, no llegar. El año pasado llegué sin presión ninguna. En la primera carrera, problemas mecánicos, en la segunda, que fue el Campeonato de Europa, problemas físicos, y, sin embargo, me dieron muchísima tranquilidad, me hicieron recapacitar y bajarme de una nube en la que me había planteado algunos objetivos demasiado altos. Al final, la tranquilidad y el equipo, en el que nadie me pidió nada, me hizo conseguir los resultados que acabé consiguiendo. Así es como salen las cosas.

¿Qué sientes cuando, en carrera, miras a un lado y están esos bichos que antes veías por la televisión?
Esa era la ilusión y la motivación que tenía y que tengo. Cuando empecé en 2004, con diez u once años, en la Escuela de Hermida, y le veía a él venir con la medalla de los Juegos Olímpicos, yo le miraba como los niños ahora miran a Cristiano Ronaldo. A Hermida lo veía como un intocable, como un superhéroe, y yo quería ser como él. Así que ahora competir y, alguna vez ganar, a los que fueron y son mis referentes es algo inexplicable, la motivación de cada día.

Así que todo empezó gracias a Hermida…
Sí. Sus padres son de Maceda, mi pueblo, y él pasó bastante tiempo allí. El artífice de la Escuela José Antonio Hermida es Julio Conde, que es muy amigo suyo, y en ella fue donde yo empecé. Era mi actividad extraescolar. Casi todos iban a fútbol y yo, que no me gustaba, prefería el ciclismo.

PRIMER AÑO SIN COLOMA

¿Cómo te estás planteando esta temporada?
Hice un marzo y un abril más tranquilo de cara una Copa del Mundo que no empezaba hasta finales de mayo. Mi objetivo es mantener la forma mucho tiempo.

Has repetido muchas veces que Carlos Coloma es tu amigo, tu padrino y tu profesor. ¿Le echas de menos este año?
En cierto modo, sí. Pasamos tres años que para mí, como aprendizaje, fueron fundamentales. Cogí de él lo que me podía enseñar, lo que me hacía falta. Ahora él, después de su medalla en Río, necesitaba un cambio, que, además, creo que también es positivo para nosotros, pues ahora tanto David Valero como yo debemos empezar a crear nuestro camino, crear nuestra propia imagen. Algún día también nos tendremos que separar, pero este es nuestro momento, toca nuestro turno. Contamos con el equipo perfecto para ellos. Pero eso sí, sigo muy agradecido a Coloma, al que considero como mi hermano.

¿Cómo viviste su bronce?
Estaba en Manzaneda, preparando la Copa del Mundo de Andorra, y la verdad es que no me lo creía. Mira -se señala el brazo-, se me pone la piel de gallina sólo de pensarlo. Fue… ¡buah! Una pasada. Él lo tenía en su cabeza y en sus piernas. Llevaba todo el año diciendo que lo tenía, y yo era algo que no me creía, así que ahora le tengo que pedir disculpas. Ya se lo dije a él. Como la mayoría de españoles, no me creía lo que repetía tantas veces. Lo que hizo mi ‘hermano’ el año pasado fue un paso muy importante para el mountain bike español.

¿Qué tal el ambiente en el equipo?
Es una familia. Desde el masajista al mecánico, que es Litu, exprofesional en carretera, a Chechu Rubiera, que es uno de los ingenieros que desarrollan las bicis junto a nosotros, a Daniel Alonso, el dueño, Bruno, el gerente, Aída Nuño… Todos estamos vinculados a la bicicleta. Hasta el último empleado de la fábrica, ese que aprieta los tornillos, anda en bicicleta, y eso es algo que nos une como una familia. Y ya dentro del equipo, con David Valero, que es todo corazón, un cacho de pan, me llevo muy bien. Somos personas de carácter muy parecido y sabemos también tener la tranquilidad justa para rendir al máximo nivel.

Y cuando no estás sobre un sillín, ¿qué haces?
Pensar en el momento en el que voy a estar sobre él.

¿Qué otros deportes te gustan?
Me gusta mucho algo que me une mucho a Daniel Alonso y a la mentalidad de MMR, los coches, los rallyes, las motos, el riesgo… Todo lo que tenga ruedas me encanta.

¿Qué titular te gustaría ver en BIKE con tu nombre?
‘Pablo Rodríguez consigue otro podio en la Copa del Mundo’.

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