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Prepara tu bici para el invierno

El mayor enemigo de la bici es el barro y el agua que tanto abundan en esta época. Hay trucos para estar más prevenidos...
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Prepara tu bici para el invierno

 

Agua contra el agua. El barro se elimina con una regada enérgica. En las gasolineras puedes conseguir limpiezas a fondo, con jabón incluido. Si no es posible, utiliza una esponja generosa (pedazo de colchón de espuma), agua y algo de jabón y luego aclara con una manguera convencional, evitando la alta presión. En último caso, si no hay manguera puedes aclarar con esponja y agua, o, a la desesperada, con los bidones si tienes, o tal vez la pistola de agua de tu hermanito... Después, sin dejar pasar mucho tiempo, es el momento de limpiar con paño seco enérgicamente, y vendrá bien aplicar un pulimento, protegerá del agua al metal. 



Después hay que limpiar y reponer lubricado. La cadena necesita una limpieza enérgica y sobre todo aceitado, mejor utilizar aceite denso, siempre por la parte interior, que básicamente es donde se necesita. Entre las coronas también se acumula mucho barro o suciedad en general. Con un paño alargado y resistente lo eliminaremos o en caso extremo, o de vez en cuando, desmontaremos las coronas. 

 

Hay que poner barreras al barro y al agua. Siempre que aseguren un buen sellado, para que no se conviertan en arma de doble filo y acumulen porquería en el interior plantéate montar fuelles protectores (de tipo neopreno) para cualquier pieza que esconda engranajes, especialmente si están en la "línea de fuego" de las salpicaduras de las ruedas (amortiguadores por ejemplo) y cuando vayas a montar en condiciones adversas. 

 

Aplicar grasa en pedales. En los muelles, inyectarla si es posible, aunque sea grasa fina. Si no podemos acceder, utilizar aceite denso y reponer más a menudo. Cuando el barro se acumule será una cuestión vital que el pedal enganche con facilidad. Para ello es recomendable aflojar un poco la tensión de anclaje. 

 

En la tija algo de grasa no vendrá mal. En la parte embutida, se entiende. Con la humedad y si tardamos cierto tiempo en moverla del cuadro cuando un día lo intentáramos puede que nos quedáramos con las ganas.

 

Los cambios y desviadores necesitan un lubricado mínimamente frecuente. Aplícale grasa fina o aceite denso en todas las articulaciones que puedas cada dos o tres días, y siempre que la salida haya sido especialmente lluviosa y embarrada.  

 

El invierno viene bien: Desmontar, limpiar, vigilar y reengrasar lugares como la dirección, los ejes de los pedales, articulaciones en general (suspensión trasera, manetas de freno), pivotes de freno V, horquilla e incluso bujes. Reparte las tareas en diferentes días para no agobiarte, y para localizar y corregir fácilmente los a veces inevitables desajustes posteriores a una limpieza y reengrase. 

 

Puños bien atados. Es el truco más típico del invierno. Si no quieres llevarte una desagradable sorpresa en el momento más peliagudo, o simplemente, tener en todo momento un tacto más preciso, fija los puños, ya sea con tres o cuatro lazos de alambre convenientemente aplastado al final, o si quieres con algún tipo de pegamento que no ataque a la goma, aunque cuando quieras sacar el puño probablemente te cueste un poco. La mejor solución son sin duda los puños lock-on.

 

Busca las cubiertas más adecuadas. El factor predominante es que no acumulen barro, algo que anularía su capacidad de agarre y supondría al mismo tiempo un lastre extra en una zona especialmente peliaguda. Lo ideal es un modelo con taqueado separado, huecos claros, y balón moderado. 

 

En las zapatas también tienes mucho que decir. Tanto para los antiguos V como para disco, las zapatas sufren más en condiciones invernales. Vigila su desgaste, y plantéate incluso utilizar zapatas especialmente concebidas para la lluvia y el barro, con mejor frenada y más durabilidad. En barro y agua es precisamente en donde el freno de disco encuentra uno de sus puntos fuertes. Si disfrutas ya de este sistema te habrás dado cuenta de que en mojado no se pierde eficacia, casi al contrario, pues disponemos de un refrigerado externo para una superficie que por su naturaleza se calienta más. 

 

No creo que haya que recordarlo: Abrígate adecuadamente, con buenos materiales y ropa ceñida. No te olvides nunca el chubasquero o paravientos, lleva una braga para el cuello y cuida especialmente las rodillas, las manos, con guantes cálidos pero que no pierdan tacto, y, sobre todo, los pies, que se enfrían poco a poco y de forma irreversible si no hay suficiente protección. Se hacen zapatillas especialmente concebidas para el invierno, con tobillera de neopreno incluida.


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